Ubicada en el corazón de la Puna catamarqueña a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, su inmensidad geográfica impresiona: con más de 27.000 km².
Antofagasta de la Sierra es uno de los destinos más deslumbrantes y, a la vez, más exigentes de la Argentina. Ubicada en el corazón de la Puna catamarqueña a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, su inmensidad geográfica impresiona: con más de 27.000 km², abarca una superficie mayor a la de la provincia de Tucumán, pero habitada por menos de 2.500 personas.
Esta requiere planificación debido a su clima extremo y rutas complejas, que deslumbran a los visitantes cuando la conocen por primera vez. Asimismo, cuenta con un patrimonio cultural y arqueológico totalmente frágil. Debido a esa combinación de aislamiento, vastedad y belleza, impone desafíos únicos para quienes deciden visitarla. Ernesto Herrera, Técnico Superior en Turismo de la zona analizó las claves climáticas, las medidas de seguridad y el compromiso ambiental necesarios para recorrer la región sin correr riesgos.
Un clima cambiante e impredecible
Uno de los aspectos más complejos del departamento es la variabilidad del tiempo. “Un ejemplo reciente fueron las últimas nevadas en el Salar del Hombre Muerto, a 100 km del pueblo, donde tapó vehículos mientras que en la villa apenas cayeron unos milímetros. El clima es cambiante en todo el territorio; por eso nos manejamos con aplicaciones como Windy para prever las excursiones”, explicó el especialista.
A partir de julio, los meses de invierno y principios de primavera se caracterizan por temperaturas frías y vientos extremos. “Los errores normales, que en realidad son desinformación, tienen que ver con subestimar estas condiciones. Tuvimos temporales en Laguna Blanca con vientos de más de 150 km/h o nevadas que cortaron caminos. El abrigo de calidad es fundamental y hay que estar preparados para que el clima condicione los planes”, advirtió.
En ese sentido, remarcó que el tiempo de permanencia es clave: “Antofagasta de la Sierra no es un destino para venir en una escapada de fin de semana. Para disfrutar los paisajes y no hacer excursiones apresuradas, tenés que pensar mínimamente en tres o cuatro noches para aclimatarse a la altura y al entorno”.
Seguridad en la Puna: “El riesgo más grande es la vida”
Aventurarse sin la preparación adecuada en un territorio tan agreste puede desencadenar situaciones drásticas. “Es duro decir ‘la muerte’, pero en invierno lo puede ser. Si a un turista le pasa lo que a los mineros que quedaron atrapados por la nieve, pero saliendo solo en su 4×4 sin avisar al alojamiento o a un guía, probablemente el final sería peor”, sostuvo.
Aunque no es obligatorio contratar un guía para ingresar al departamento, el profesional enfatizó la importancia de la experiencia y la comunicación:
- Herramientas vitales: “Hoy en día, contar con una antena Starlink te puede salvar la vida en un territorio tan vasto. Marca la diferencia entre una emergencia controlada y una tragedia”.
- Elección del guía: “El riesgo real está en contratar a alguien sin conocimiento del terreno ni herramientas de seguridad. Un guía sin experiencia puede exponerte a rutas equivocadas, desconocimiento de refugios o agua, y a quedar varado en medio de un clima hostil”.
- Guías profesionales vs. baqueanos: Ambas opciones son valiosas. Mientras el guía profesional aporta interpretación técnica y patrimonial, el guía local posee la vivencia y la historia del lugar. Lo indispensable en ambos casos es la capacitación práctica en primeros auxilios y el conocimiento comprobable del terreno.
Patrimonio frágil y el impacto del turismo no regulado
La falta de acompañamiento guía no solo pone en peligro al visitante, sino también al frágil ecosistema y al patrimonio histórico de la Puna. Al no ser obligatorio el ingreso guiado a ciertas zonas, muchos visitantes se salen de las huellas habilitadas provocando daños irreversibles.
“Hace unas semanas, en el Área Natural Protegida Campo de Piedra Pómez, un grupo de turistas no identificados vandalizó el lugar erosionando las piedras y dibujando figuras. Esto se repite en vacaciones o fines de semana largos cuando se saturan los lugares”, lamentó el técnico.
Una situación similar ocurre con los yacimientos arqueológicos. “En Antofagasta hay muchísimos sitios, pero menos del 10% son turísticos, y me parece bien que así sea porque deben protegerse. Un caso de lo que no debería suceder es Campo las Tobas, un sitio en la ruta al Volcán Galán que hoy está en total abandono y somos los guías quienes lo cuidamos con nuestros propios recursos. Poner sitios arqueológicos en el foco de las excursiones debe hacerse con mucha responsabilidad”.

